domingo, 4 de octubre de 2020

CAPITOLIO NACIONAL. BOGOTÁ.-

                                           
















Pórtico de acceso

Hace muchos años, tal vez en 1967, visité el monumento. Recuerdo todavía la emoción que me causó verlo desde la esquina de la “casa del florero” cuando me aproxime por  la carrera séptima desde el norte de la plaza de Bolívar y,  desde unos cien metros, se apreciaba en perspectiva mostrando toda su fachada norte y, algo de su fachada oriental con su volumen retranqueado. El edificio domina la plaza desde su podio y está regido por la simetría. Desde Thomas Reed, su autor, se concibió con podio, recurso clásico. Elevándole un poco sobre la carrera séptima se logró un atrio más alto que la plaza, a la cual se une por escalinatas centradas frente al pórtico. En la carrera octava el desnivel es de unos cuatro metros y aumenta hacia el sur, hacia la antigua calle Cartagena, actual plaza de armas de la casa de Nariño.
Con tal artilugio el edificio ganó escala, dominio y presencia hacia el espacio público. Desde lo lejos la vista se va hacia el pórtico central y allí me dirigí, recorriendo el volumen lateral a la izquierda, con zócalo sobre el podio e hileras de ventanas en dos pisos. 
En un impulso que ahora encuentro normal, toqué las piedras del edificio. Primero las lisas del paramento de dos pisos, luego inclinándome las del podio, rústicas (Sillería abollada) y al ingresar las de los fustes de las columnas estriadas. El Capitolio es un edificio en piedra de cantería que  se construyó en casi ochenta años (1848-1926), atestiguando nuestra inestable democracia durante el siglo XIX y principios del XX.

Los paramentos en piedra lisa de los volúmenes laterales, tienen dos pisos altos y cinco ventanas rectangulares  adinteladas en cada piso. Los muros se enmarcan y rematan con pilastras y delimitan también los vanos con balcón que continúan el pórtico de acceso. Estos muros se coronan con una cornisa sencilla en voladizo y una balaustrada que prolonga en ella llenos y pilastras, rematando con palmetas y, ánforas sobre la proyección de las pilastras.

Ingresando por el primer intercolumnio, pude ver de cerca la proporción del pórtico, cuya columnata es de unos catorce metros de alto, un diámetro de unos noventa centímetros y sus columnas jónicas forman una serie de seis filas de a tres apoyadas en plintos cuadrados, basas circulares y con capiteles paralelos al paramento externo. Ellas sostienen una cubierta con casetones de unos 3.7 metros, formando cuadrícula como en los edificios romanos. Todo ratifica su estirpe neo-clásica.

Pasando el pórtico se abre el patio de  Tomás Cipriano de Mosquera con su estatua al centro. Él fue quien encargó su diseño y ejecución, como edificio nacional, y acogiendo en parte  al congreso creado por la constitución de Cúcuta de 1821.El patio es de proporción rectangular y se destacan en él las cuatro columnas que soportan un frontón con el escudo de Colombia esculpido en la misma piedra y mirando arriba,  al fondo, el ático que remata el salón elíptico, con grifos en cada esquina mandados a colocar por Laureano Gómez, para la novena conferencia panamericana de 1948 (Se cumplía el centenario del inicio de su construcción).Esto también recuerda el infausto “Bogotazo”.

Pasando el patio llegué al salón elíptico propuesto por Pietro Cantini, después de 1881 y luego de muchas vicisitudes de la obra, modificando plano y cimientos de Reed .El salón tiene doble altura con cubierta en plafón, sus paredes en la piedra caliza de todo el edificio y es para mi gusto muy abigarrado en su diseño. Lo percibí recargado y oscuro. Luego ha tenido refacciones y mejoras y ahora detrás de la mesa que acoge a su directiva está el mural de Obregón sobre mares de Colombia. Tiene vitrales desde 1926 y un escudo nacional forrado con laminilla de oro. La mayoría de sus acabados son de esta época y en su diseño participaron  Mariano Santa María (1908-14) y Gastón Lelarge hasta su terminación en 1926,  En el edificio se hicieron  luego cambios en 1930, 1945, 1957 y en los años sesentas del siglo XX. Siguiendo mi recorrido pasé por los salones Boyacá y del Senado diseñados como hemiciclos, parte de los cambios de Santa María y Lelarge. Luego pasé al patio Núñez también de Santa María y Lelarge, flanqueado por galerías y con escalinatas grandes hacia la plaza de armas del palacio presidencial. (1). La estatua de Rafael Núñez esta al nivel de la plaza.

No era posible un mayor recorrido por las medidas de seguridad en ese entonces.
Nadie podrá negar el carácter de este monumento que con todos los cambios, recuperó el sentido que tenía la palabra Capitolio, en el mundo romano.


1-El Capitolio nacional de Colombia ocupa una manzana de 107 x103 metros, del centro histórico de la capital,  localizada entre la plaza de bolívar y la de armas de la casa de Nariño y entre las carreras séptima y octava, en un distrito monumental que incluye la Catedral mayor, el colegio del Rosario, el Palacio de Justicia y el edificio Liévano sede de la alcaldía Mayor de Santa fe de Bogotá. También cerca están el nuevo edificio del Congreso unido por túnel al Capitolio y la iglesia de Santa Clara.
La plaza fue remodelada la última vez por el arquitecto Fernando Martínez Sanabria.
Se ha dicho que Reed, se había formado en Alemania y Alberto Corradine, en su libro sobre Historia del Capitolio Nacional de 1998, da crédito a La versión y lanza la hipótesis sobre la modulación utilizada por este para su diseño y construcción, basada en el pie prusiano de .31 centímetros, usando módulos de 3.7662 metros, similares a la doble toesa o al “Ruthe” de Prusia. Debemos recordar que para la época en Colombia regía todavía el sistema español de varas y pulgadas y los contratos se rigieron por tal medida.

Mi visita, vista hoy en perspectiva, corrobora que el Capitolio Nacional es uno de los edificios públicos más importantes de Colombia. Es un monumento predominantemente sobrio y neoclásico, que identifica nuestra democracia, a pesar del giro “presidencialista” que ella tomó.

Como Arquitectura y Urbanística es sobresaliente. Su principal acierto es la respuesta a los dos espacios públicos a norte y sur, el respeto a las carreras séptima y octava muy estrechas y, su escala que respeta la de la catedral.



Galería  en patio Rafael Núñez.











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